Una conexión ajena al exterior.

En apenas unos minutos nos íbamos a encontrar. Yo no dejaba de mirarme en el espejo, de marearme el pelo y de retocarme el pintalabios. Cada vez quedaba menos para vernos... tantos meses hablando por teléfono, por una pantalla...que ahora se veían reducidos a minutos... segundos... y yo quería estar perfecta para que tú, nada más mirarme a los ojos te pudiese demostrar todo lo que te había estado contado con palabras aquel tiempo atrás. 

Tenía ganas de miradas, de hablar con los ojos: sin palabras. 

Me cambié de ropa mil veces, maquillé mucho más mis ojos y perfilé de nuevo mis labios. Entonces me volví a mirar al espejo. Estaba guapa... sí, pero aquella no era exactamente yo, no era lo que yo le había demostrado ser. Los minutos se iban agotando y el reloj parecía avanzar más rápido de lo normal... tanto que en el último momento me desmaquillé, me revolví el pelo y me presenté natural ante el espejo. 

Esa era yo, y esa era la persona que tú querías ver


Porque cuando alguien te valora...lo hace desde dentro y es que a veces perdemos demasiado tiempo preocupándonos por nuestro exterior cuando en realidad se nos quiere por nuestra esencia, por ese mundo que no podremos maquillar jamás: nuestro interior. 


Comentarios

  1. Que reflexión tan bonita. Ojalá y más personas la aplicaran para que el mundo y las personas fueran más naturales, más reales.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares